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Camino por las calles atestadas de puestos y basura, se escucha el paso del metro que pasa como una sombra naranja y de pronto veo a un perro colgado de un poste, siento horror y me tapo la cara, no quiero ver ni oír el griterío de la gente que lo señala. Sigo mi camino y volteo, el perro ha sido bajado y corre hacia mi.