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Soñaba con un oasis en medio de la Cordillera de los Andes, donde yo me arrastré durante un largo tiempo hasta dar con los tres reyes magos: Piazzolla, Lautréamont y Castellucci, quienes me pedían que los llevara a la ciudad puerto de Valparaiso para montar una ópera mística. Caminábamos por este oasis en Los Andes cuando me empezó a sangrar la nariz y al mirar hacia atrás noté que los reyes magos eran impostores hechos de plastilina. Frustrado, mastiqué sal hasta que escuché la voz de mi madre decir que era malo tragar servilletas. Escupiendo papel me encontré en la cabecera de una larga mesa que llegaba más allá de los límites de mi vista. Ahogado y transpirando en el sueño, desperté contento.