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No hay inicio ni final, como todos los sueños quizás... Estoy en un aeropuerto con mi boleto de avión en la mano. Sé que estoy en estados unidos, no sé en qué estado pero al parecer me dirijo a Delaware para hacer una escala de ahí a Londres y de Londres a México, Esto es absurdo, me digo a mi misma, Ya estoy muy cerca de casa, qué sentido tiene ir a Londres? Pero mi boleto ya está pagado así que no me cuestiono más. Me sumo a la fila de los que pasan por las bandas de seguridad, cada banda está destinada al estado al que viajas sin importar que al pasar al otro lado nos mezclaremos todos de nuevo. Una oficial cara dura me pregunta que a dónde voy, le enseño mi boleto y me manda a la fila más larga, yo no refuto. Tras haber esperado unos minutos llego por fin al escáner, presento el código de barras, marca con letras rojas ERROR, de pronto me invade el miedo, a nadie le gusta que sucedan estas cosas en pleno viaje, sobretodo estando en tierras enemigas que por cualquier cosa pueden justificar un encierro o peor aún la muerte. Solo quiero llegar a casa, pienso. La oficial encargada de esa banda me dice que estoy en el lugar equivocado y me manda al escáner correcto, Maldita cara dura, me hizo perder tiempo valioso. En ese momento me preocupo por primera vez en checar la hora de salida de mi vuelo, veo el boleto y mi mirada se nubla, veo los números borrosos, no alcanzo a distinguir en dónde está la información que busco, creo reconocer un 7 y me quedo con la imagen. Paso la banda, las paredes se abren ante mi, la gente fluye....

Estoy buscando la puerta de la que saldrá mi avión, todo es enorme, no hay manera de ubicarse en este lugar tan pretencioso. Encuentro el elevador, algo me dice que tengo que subir o bajar un piso, arriba me parece lo más lógico. De nuevo hay una fila para el elevador, me formo, espero. Las 10 personas que están delante mío comienzan a desaparecer en la entrada de los cajones metálicos. El siguiente turno llega y logro deslizarme al interior junto con una pareja de jóvenes que comienzan a besarse sin pudor, Que incómodo, quizás querían entrar solos. La chava presiona un botón que detiene el flujo del ascenso, me invade la ansiedad al pensar que la lujuria será la causa por la que no llegue a mi destino, comienzo a picar los botones mientras le lanzo una mirada de odio a la chica, llego a algún piso, al parecer quiero llegar al 5to pero no encuentro tal botón. Las puertas se abren y asumo que es mejor salir de ahí y tomar otro elevador. El salir de ahí borra mi memoria, A qué hora sale mi avión, A qué piso tengo que ir, busco de nuevo números en el boleto, sigo sin distinguir lo que indica la tinta, de pronto como de milagro veo entre las puertas de los elevadores el número 5 en grande y enmarcado, Es aquí.

La calma me penetra, intuyo que aún tengo mucho tiempo. Me dirijo hacia una tiendita, no sé qué es lo que busco, pero uno sabe que cuando se está en ese tipo de lugares siempre se busca algo. Entro, hay dos chicas platicando, son jóvenes y guapas, una de ellas está detrás del mostrador rodeada de disfraces peludos y botargas coloridas, me acerco a ellas y me uno a la plática escuchando nada más, se me quedan viendo como diciendo y a esta loca quién la invitó? Continúan como haciéndome la ley del hielo, a mi me da igual. Una de ellas menciona a Philip Glass y específica que una de las botargas será utilizada para esperarlo, Ha! eso me recuerda a algo. Pajareo un poco para ver qué comprar, no puedo irme sin haber consumido algo y menos después de haber sido una metiche imprudente. Tomo una botella de agua, Bonafont por supuesto, Cuánto es? 15, me parece barata sin detenerme a pensar que quizás son 15 dólares, se me olvida que estoy con los de arriba. Pago y me voy preocupada de nuevo por el tiempo.

Camino, bajo y subo escaleras eléctricas y en cada subir y bajar me encuentro con pisos atiborrados de ropa y artículos de belleza que invaden mi mirada y mis deseos por comprar todo eso que no necesito, las señoritas vendedoras tienen un aspecto terrible, diabólico, intentan engañarme para que les entregue mi tiempo y mi cartera, pero salgo de ahí como puedo y me dirijo hacia la puerta del avión el cuál quizás llegado este punto ya despegó, pero no me preocupa en lo mínimo, tal vez así pueda liberarme de la carga de este boleto pagado y comprar otro que vaya directamente a México.

Llego a un punto de seguridad, tienen que escanear de nuevo el código, la señorita encargada de hacerlo pone una cara que me hace deducir que es aún muy temprano para ingresar, le grita a la que está más próxima a ella y le pregunta, Oye, ya se puede pasar? No, no han resuelto el problema, Problema, cuál problema, debería preocuparme? La güerita regordeta vocifera algo que no alcanzo a distinguir mientras me mira a los ojos y comienza a quemarse/derretirse en su asiento, nadie se impacta ante los hechos, me dirijo hacia otra señora, quien me ve con lástima como pensando, Esta pobre lo único que quiere es pasar y nosotras aquí negándole la entrada por el simple hecho de tener con qué entretenernos. Al fin escanea mi boleto, pero segundos después lo deja caer a un lado del mostrador que está lleno de basura y lo pierde.