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1. No hay sueño que no pueda ser escrito. Los sueños son siempre literarios. Hay sueños que son grandes cuentos en potencia. Hay pesadillas recurrentes que dan para una novela de entregas. Un sueño es siempre un evento narrativo: no se soporta el soñar algo sin tener que contarlo o escribirlo después. Es materia comprobada que el no contar o escribir los sueños tiene efectos nocivos en el ánimo, así como envejecimiento prematuro y estreñimiento. 

2. Cuando escriba su sueño, procure evitar conectores del tipo "y entonces" ó “después de lo cual”. Recuerde que los sueños no tienen orden. Recuerde también que, en cuanto usted escriba su sueño, éste será suplantado por su narración: el sueño ya sólo existirá tal y como lo ha narrado. Sólo tiene una oportunidad de hacerlo bien, así que decida de antemano la estructura narrativa de su subconsciente. De preferencia, no elija el viaje del héroe. 

3. Elija un tiempo verbal y manténgalo constante a lo largo de la narración. Si usted es delirante, use el pasado simple; si confía en las propiedades predictivas de sus sueños, lo puede narrar en futuro; para la opción segura quédese con el copretérito, ese tiempo verbal que, como enseñan las leyes de la gramática (de modo por demás misterioso), expresa cursos de acciones pasadas cuyo inicio y fin no está concretado. No se olvide: un sueño nunca inicia ni acaba, y sólo se le puede tomar por el medio. 

4. Al escribir un sueño, cuide de no confiarse de la cordura gramatical. En materia de sueños, es siempre mejor seguir la línea de los trastornos psiquiátricos. Se puede soñar en tercera persona del plural, en la tradición de los paranoicos. También es posible soñar simultáneamente en primera y segunda persona del singular, en homenaje a los esquizofrénicos. Hay sueños en tercera persona del singular: en estos se reconocen a los escritores clásicos, o neuróticos. Hay sueños en primera persona del plural, que refiere al trastorno de personalidad múltiple o a tendencias comunistas, y hay también sueños en primera persona del singular, donde se encuentran los egomaniacos. Los hay incluso, aunque de esto no podemos estar seguros, que no tienen persona alguna, y sólo se narran a sí mismos sin sujeto ni predicado, como una pintura. En estos casos, es mejor dejar de lado la escritura, y decantarse por el dibujo o la fotografía.

5. No escriba sueños que no le contaría a su propia madre, o por lo menos, al más conservador de sus amigos. No escriba sus secretos más profundos, y procure sobre todo que no se le escapen sin querer: interprete el sueño antes de escribirlo. Si la interpretación lo puede llevar a la cárcel, al manicomio o al suicidio, guárdeselo para usted mismo.

6. Tenga cuidado, no se confunda de persona. Tal vez se veía como él pero no era él. Tenga presente que usted puede estar en el cuerpo de otras personas, en otros objetos, en todas partes o en ninguna. Cuídese también, en materia narrativa, de no omitir ni un solo detalle. No hay en un sueño nada pequeño: todo puede resultar épico, el símbolo último, la contraseña secreta. Mientras más común, secundario o vulgar le parezca algo en su sueño, más razones hay para narrarlo. 

7. Cuando escriba, trate de no enamorarse de tus sueños. Nunca como en los sueños contamos tantas vulgaridades con pretensiones de genialidad. Sucede con los sueños lo que ocurre con lo que amamos: no soportamos que a los demás les resulten indiferentes. No podemos conformarnos con amar, necesitamos que los demás amen lo que nosotros amamos; no podemos conformarnos con soñar, necesitamos que nuestros sueños les hablen a los otros tan de cerca como nos hablan a nosotros. 

8. En lo que refiere a la interpretación de sueños, no hay mejor maestra que la Historia. Guíese por el célebre ejemplo de Napoleón, quien soñara con gatos negros en los días previos a la batalla de Waterloo, anticipiando una estruendosa derrota. Tenga cuidado con los símbolos de infortunio: ponga especial atención en los sueños con agua turbia o estancada. Para resumir: si sueña con gatos negros, no invada Waterloo.

9.  De ninguna manera mienta al escribir su sueño. Si su sueño es demasiado aburrido, procure soñarlo de nuevo hasta obtener mejores resultados. No se angustie: tener sueños aburridos no dice nada de su personalidad, ni de su potencial como escritor. En la narración, se acepta el embellecimiento verbal, la floritura en los adverbios y la sobreadjetivación. Pero nunca, nunca, la mentira.

10. No se engañe, los sueños lúcidos no son sueños. En un sueño de verdad uno debe perder toda posibilidad de maniobra, de decisión y voluntad. En el sueño debe aparecer la realidad que nos trasciende, que nos supera, que pasa por encima de nosotros. En los sueños, la realidad debe aparecer en tanto que no la decidimos y más bien la padecemos. Si la mayoría de sus sueños son lúcidos, tenga cuidado: bien podría ser que haya estado despierto cuando cree que está dormido. Las consecuencias de este equívoco pueden ser desastrosas.

11. Escriba siempre sus sueños, y no le dé más peso a unos que a otros. Todos los sueños son igualmente importantes e insignificantes al mismo tiempo. Lo mejor es escribirlos justo después de soñarlos. Puede intentar hacerlo antes de soñarlos, es un ejercicio constructivo, y si logra escribirlos durante el sueño mismo será usted un experto en la escritura de sueños . No se los tome demasiado en serio pero tampoco los ignore, esto puede resultar fatal. Pregúntele a los demás por sus sueños y escuche con atención aunque sean larguísimos y aburridos. Cuando domine el arte de la escucha e interpretación de sueños ajenos, habrá dominado el de la escritura también.